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martes, julio 01, 2008

Oaxaca se está curando de espanto: una larga lucha por la dignidad

Escrito por Silvia Gabriela Hernández, Kiado Cruz, Rubén Valencia
sábado, 28 de junio de 2008

Este artículo se preparó para la publicación de la Revista la Guillotina con el tema repensar la izquierda en México.

“Este no es un movimiento de líderes sino de bases”


La APPO nunca ha sido una organización sino el nombre de un movimiento. La crisis actual no representa una ruptura, que se da en esta coyuntura, entre los actores o grupos dentro de la APPO sino más bien un rasgo de la esencia de este movimiento. Es el resultado natural de un proceso en el cual algunos de sus actores han querido definir a este movimiento como si fuera una organización o un partido político; pretendiendo apropiarse de él y montarse en su representación. La lucha de la APPO no ha sido solamente en contra del gobierno de Ulises Ruiz sino en contra de todos los autoritarismos, presentes aún en los pueblos, las colonias y las organizaciones sociales. Esta lucha en contra del autoritarismo se extiende a muchos ámbitos, incluída la misma sección 22 donde, por mencionar un ejemplo, en su momento los maestros se deshicieron del liderazgo de Rueda Pacheco.

Para entender lo que está sucediendo en Oaxaca debemos remontarnos a su pasado inmediato. En principio, cabe recordar que somos el Estado con mayor diversidad cultural del país y con mayor población indígena; de 570 municipios, 418 se rigen por sistemas normativos internos (asambleas). A través de la lucha por la autonomía indígena se ha logrado el reconocimiento parcial de sus sistemas de gobierno; sin embargo, se sigue luchando por el pleno derecho a autogobernarse. Además, Oaxaca es un Estado que históricamente ha generado diversos movimientos sociales. Ya en el pasado se destituyó a tres gobernadores, el último a finales de los setenta.


Cuando concluía el sexenio de José Murat, el “gobernador” anterior a Ulises Ruíz, había una política de “dinero o plomo”, o sea, o te compraba o te reprimía. Incluso antes de éste, en el sexenio de Diódoro Carrasco también se imprimió un sello “duro”. Aún así, muchos pueblos, organizaciones y regiones enteras estaban dando la pelea por ejercer el derecho a autogobernarse. Como los casos de Loxichas, Unión Hidalgo, San Blas Atempa, Xanica y Benito Juárez en los Chimalapas, por mencionar algunos. Las organizaciones sociales, por su parte, también habían sufrido una política represora de los gobiernos estatales; hubo una fase de desmovilización y desarticulación de los movimientos y sectores en lucha. En este escenario se da en Oaxaca, por primera vez, la presencia de un candidato de “centro izquierda” que había sido funcionario del gobierno estatal, y que compitió por la gubernatura contra Ulises Ruiz.

En evidente fraude, y en medio del descontento de la población, llega al poder Ulises Ruiz con la consigna “ni marchas, ni bloqueos ni plantones” y, de manera autoritaria, cambia la sede de los poderes de gobierno (que ya se estaba preparado desde antes), lleva la sede del ejecutivo a un pueblo que está a media hora de la ciudad capital; también sacaron de la capital la sede del poder legislativo y actualmente, se continúa esta política, con la construcción de la ciudad judicial en el municipio de Reyes Mantecón. Así es como se da el banderazo para convertir a Oaxaca en una ciudad al servicio del turismo, una especie de Disneylandia colonial, siguiendo el plan con una serie de remodelaciones para reconfigurar el paisaje urbano: la más visible es la remodelación de Zócalo donde con exceso de dinero y autoritarismo se cortan árboles y levantan pisos centenarios de cantera para crear un espacio más afín a los “extravagantes” gustos de la clase gobernante. Además, se lleva a cabo un robo millonario al patrimonio cultural y al presupuesto. El gobierno consintió la ampliación de las instalaciones de la terminal de autobuses hacia los terrenos del barrio de Jalatlaco, uno de los más antiguos de la ciudad, generando con esto una gran inconformidad que originó la formación de un consejo ciudadano en este barrio.

Por otro lado, el gobierno de Ulises Ruíz emprendió una campaña de hostigamiento en contra del periódico Noticias, que incluyó la usurpación de sus bodegas e instalaciones; esto como venganza porque su director apoyó la campaña de su opositor “más cercano” en las elecciones a gobernador, quien según el imaginario de la gente había ganado la elección.

En todo este contexto la Sección 22, que aglutina al magisterio oaxaqueño, empezó el 15 de mayo, como cada año, un paro de labores en exigencia de una serie de demandas, entre las cuales se encuentra el aumento salarial por la vía de la rezonificación por vida cara (que el salario refleje el costo de vida en Oaxaca). Cabe aclarar que estas movilizaciones del magisterio no contaban con todo el respaldo de la gente, por distintas razones. Aún así y por todo lo anterior, cuando el 14 de junio la policía del Estado entra al Zócalo de la Ciudad a desalojar a los maestros y los reprime brutalmente provoca espontáneamente una solidaridad como no se había visto antes hacia el movimiento magisterial.


Los partidos políticos y las organizaciones verticales

El 5 de agosto del 2007 los pueblos de Oaxaca volvieron a demostrar que no están dispuestos a participar ni mucho menos a creer en la “democracia” burguesa y capitalista. Y lo hicieron con una mayor contundencia que en otras ocasiones de significación coyuntural. El día de las elecciones para el Congreso estatal, más del 80% de la población se abstuvo de ejercer su voto. Aun ante estos hechos innegables, algunos detractores prefirieron buscar excusas ante lo sucedido, a pesar de que ellos mismos entienden perfectamente el mensaje popular de la masiva e intencional abstención electoral: que ya nadie cree en instituciones que sirven para que, en nombre del Pueblo, los “políticos” y sus amigos trabajen a favor de sus intereses privados y de grupo.

No nos importan los pleitos sobre los fraudes del PRI ni las disputas entre partidos por la supuesta legalidad o ilegalidad de un Congreso conformado únicamente por integrantes de un solo partido que sirven a un solo interés. Por ello creemos que lo realmente importante es el hecho de que el sistema en su totalidad es un fraude. ¿Acaso no lo es un sistema político que crea un poder ajeno a los ciudadanos que dice representar y que se intenta legitimar cuando sólo 20% de la población en edad de votar lo “elije”?. Esto sin descontar a quienes votaron por el PRI bajo amenazas, engaños, compra de votos y sin contemplar las cifras maquilladas. Saben que no son legítimos, saben que el 5 de agosto representó un paso más del pueblo oaxaqueño en su lucha por la liberarse de la tiranía y por el respeto a su dignidad.

Actualmente en Oaxaca el debate al interior de la APPO y del movimiento social se ha polarizado. Y los medios masivos de comunicación han cumplido su papel de confundir los motivos de este debate: posicionan a su arbitrio, de un lado a los “moderados” y del otro a los “radicales e intransigentes”. Convenientemente enfatizan la división entre el bloque electoral de la APPO y los “grupos fuera de control”, como los denominan. Pero para nosotros no hay tal división simplista, por el contrario, el proceso de reorganización es más mucho más diverso y complejo que eso. No hay duda que hay personas honestas que creen que participando y proponiendo candidatos pueden eliminar la tiranía existente en Oaxaca o que proponiendo leyes se puede cambiar la relación de la sociedad con el Estado. Sin embargo, en un movimiento de movimientos como el que se ha generado desde el 2006 creemos, intuimos, que el proceso va más allá de cambios cosméticos y reformas en las leyes e instituciones “democráticas”. Lo que se está confrontando aquí es una visión de “desarrollo” y “progreso” que está dispuesta a arrebatarnos todo, y se está enfrentando con la construcción de muy diversos caminos hacia una vida digna y justa tanto en el campo como en la ciudad.

Hay organizaciones que se centran en la “democratización” de las instituciones. ¿A qué se refieren con esto? Si desde hace casi dos décadas se dejó de hablar de socialismo para entregarse al capitalismo y se empezó a “luchar” en nombre de la “democracia”. Pero para entender estos nuevos conceptos debemos remontarnos a su origen.

El significado original de la palabra “democracia” viene del griego y significa el “poder del pueblo”, sim embargo, para nada se ajusta a su sentido original. El capitalismo y sus secuaces han intentado hacernos creer que la forma de gobierno “democrática”, supuestamente basada en la participación del pueblo en la toma de decisiones, era y es la única forma de organización política, o al menos la menos imperfecta. Entre los mismos griegos de donde surgió el concepto de democracia, lo que se denominaba “pueblo” no era más que una clase de la “alta sociedad”, “iluminados” porque eran los “únicos” capaces de decidir sobre el bien común, al mismo tiempo que marginaban, oprimían y reprimían al resto de la población. Esta política que los poderosos y los ricos llaman “democracia” despoja a los pueblos de su derecho a decir su palabra y de su capacidad para decidir sobre su propia vida. Esta idea se basa en el supuesto de que el Pueblo “no sabe” lo que quiere y “no puede” gobernarse a sí mismo, y constituye uno de los pilares fundamentales sobre los que se intenta justificar la represión, que supuestamente sirve para salvaguardar el “orden institucional”, el “estado de derecho” y la “paz”.

Pero en Oaxaca la mayor parte de los pueblos, sobre todo los pueblos indígenas, tienen claro todo esto. En realidad, lo han sabido siempre. Y su respuesta ha sido siempre la misma: luchar por el derecho pleno a gobernarse a sí mismos, a través de prácticas que, sin ser perfectas, intentan subordinar el poder a la decisión colectiva. De igual forma, la práctica organizativa y el espíritu de las barrikadas que se levantaron durante la movilización popular recreaba también la autoorganización y, que a pesar de los tiempos represivos y de alerta en los que se vivía, manifestaba una vitalidad y una confianza en la autodefensa muy lejanas del tipo de organización basada en la “democracia” que concentra el poder y la toma de decisiones en unos cuantos.

Organizaciones con controles verticales han intentado adueñarse y controlar el movimiento e imponer su visión, en los hechos estas organizaciones traicionaron al movimiento, pues, se aliaron con partidos políticos que no representan la lucha ni los principios que se generaron en el 2006. Estas organizaciones oportunistas, como el FPR y el FALP, se entregaron al reparto de apoyos y créditos financiados por el sistema a través de prebendas como las licencias de mototaxis y otras limosnas. Muchos han sido cooptados por el Estado y han vuelto a sus tranzas habituales: negociaciones en lo oscuro y obtención de recursos como paliativos de la pobreza, “institucionalizando” la lucha para volver a ser los intermediarios entre el poder y el pueblo. Por esto, es claro el reto que tienen las llamadas organizaciones civiles que nacieron como intermediarias y que ahora tienen la oportunidad de ser acompañantes de esta lucha por la dignidad de los pueblos.

En estos momentos para todos es conocido que la estructura del Consejo de la APPO ya no funciona para la reorganización del movimiento. Ni la dirigencia provisional dirigió a nadie, ni los líderes mediáticos pudieron hacerlo. No puede ni debe haber una estructura imaginaria que en alguna oficina u hotel pretenda tomar las decisiones de todos los pueblos de Oaxaca. Lo que necesitamos es seguir encontrando formas de participación que garanticen una mayor articulación. Es mucho más lo que nos une que lo que nos divide. Si se retoman los principios y se respetan los acuerdos para estar unidos en la diversidad es posible que logremos pasar a la siguiente etapa de lucha mucho más fuertes y organizados. No olvidemos esa pinta colectiva que se repetía en las consignas: éste no es un movimiento de líderes sino de bases.

El debate en torno a que únicamente se exijan cambios en las leyes y “democratización” en las instituciones provoca que se crea que lo único que podemos hacer es que las leyes cambien y que un grupo de “iluminados” las hagan cumplir. En la vía de los hechos las leyes no sirven a los de abajo, a los pueblos humildes y sencillos, sino a los poderosos del dinero. Hemos estado acostumbrados por mucho tiempo a pensar que el poder reside sólo en las asambleas legislativas, pero nosotros consideramos que esta creencia es un grave error causado por la inercia o por el engaño. Una visión superficial de la historia nos ha hecho pensar que todo el poder llega al pueblo a través de los parlamentos. Sin embargo, el poder está en la gente y es sólo es confiado momentáneamente a quienes ésta elige como sus representantes.

Todos estos argumentos no nos hacen negar la importancia de que existan leyes “sombrilla” que puedan contribuir a que cada vez los pueblos y colonias puedan fortalecer sus procesos de autoorganización debilitados, sobre todo en las zonas urbanas, a causa de la individualización propia de la vida citadina y de este modelo de desarrollo que excluye a las mayorías para el beneficio de unos cuantos. Sin duda es muy importante impulsar desde la ciudadanía las acciones de revocación de mandato, el presupuesto participativo, el referéndum, el plebiscito, y todas las propuestas que se aprobaron en el Foro Construyendo la Democracia y la Gobernabilidad en Oaxaca, convocado por la sección 22, la APPO, las organizaciones civiles, las autoridades de los pueblos y personas, que se llevó a cabo en agosto del 2006 y en donde participaron más de 1000 personas que reflexionaron sobre los cambios que se requieren en Oaxaca.

De igual manera, nos parecen importantes las propuestas del Congreso Constitutivo de la APPO en noviembre del mismo año, así como los resolutivos de las asambleas regionales que se llevaron a cabo en el 2007 en el marco del movimiento social. Cabe resaltar las asambleas regionales como la del Istmo realizada en Ixtepec, la de Guelatao en la Sierra Norte, así como el Foro de Autonomías en Tlahuitoltepec, en la región Mixe y el Foro Estatal de los Pueblos Indígenas.

La Comunalidad como resistencia y liberación

En la actualidad el Consejo de la APPO no representa a todo el amplio y diverso movimiento social. Lo que algunos han llamado dispersión, en realidad es el hecho de que muchos espacios se han vuelto a reorganizar en sus propios lugares y en sus territorios definidos. Viene una siguiente etapa pero nadie puede prever cómo será. En las mesas de trabajo y en las plenarias de la Tercera Asamblea Estatal de la APPO, que fue la ultima y en la que no participó el bloque electoral, se definió a la APPO como un movimiento de movimientos cuyo órgano principal de gobierno es la Asamblea General. Las características principales que lo definen son la Comunalidad y la pluriculturalidad. La APPO, se dijo, debe luchar desde las bases por la construcción del poder popular. La lucha no es, pues, únicamente por derrocar al gobernador sino también para sembrar las semillas de la autonomía y el poder popular en cada rincón del Estado. Estos son algunos puntos de acuerdo que se dieron en la Tercera Asamblea. Aún cuando esta asamblea no se fortaleció es importante que se haya reconocido el carácter comunalista de este movimiento que claramente va más allá de llamarse APPO o movimiento social. Lo importante ahora es ir reflexionando desde la base y con claridad los cambios que queremos.

Debido a que se está haciendo mucho énfasis en el principio de Comunalidad como inspiración para el fortalecimiento de la APPO y del movimiento social se hace necesario plantear qué se entiende por Comunalidad.

Floriberto Díaz un activista e intelectual indígena de Oaxaca propuso, a partir de su experiencia con los pueblos indígenas, este concepto para intentar mostrar un modo de vida que está basado en la vida comunitaria de los pueblos. Desde la primera caracterización, Floriberto planteaba que la Comunalidad se constituye sobre 4 elementos fundamentales que son: el territorio comunal (uso y defensa del espacio colectivo), el trabajo comunal (interfamiliar a través de la ayuda mutua y comunitario a través del tequio como trabajo gratuito para obras en beneficio del pueblo), el poder comunal (la participación en la asamblea y el desempeño de los diversos cargos cívicos y religiosos que forman su sistema de gobierno) y el disfrute comunal (la participación en las fiestas y su patrocinio).

Este carácter de la organización política de las comunidades y pueblos indígenas se basa precisamente en su propia concepción del poder como servicio al pueblo y el asambleísmo como el modo de decisión política. Como bien lo explica Jaime Luna, “la significación del poder en una comunidad indígena a diferencia de lo que se representa en un mundo mestizo rural o urbano es muy diferente. En nuestras comunidades el poder es un servicio, es decir es la ejecución de lineamientos de una asamblea, de una colectividad. En el otro, significa el ejercicio de las decisiones de la propia autoridad que ha sido elegida a través de mecanismos electorales poco controlados por la sociedad. Una autoridad en comunidad es prácticamente un empleado al servicio de todos, un empleado al que no se le remunera, al que no se le permite diseñar, y cuando esto se da, lo diseñado puede realizarse sólo si existe la consulta. Por lo contrario, el poder político en las sociedades rurales mestizas o urbanas es lo contrario, es la posibilidad de ejecutar sus propias ideas, satisfacer sus personales intereses, la consulta no existe”. Luna también nos explica que “la asamblea es la máxima autoridad en la comunidad. En ella participan lo mismo trabajadores del campo que artesanos y profesionales. En la asamblea se trabaja siempre por consenso, aunque en muchos casos y por cuestiones prácticas se use el mayoriteo [votación]. La elección de las autoridades no refleja ninguna intención o lineamiento partidista, se fundamenta en el prestigio y éste, en el trabajo”. Una concepción del poder que hace que “nuestros obstáculos inmediatos sean los partidos políticos”.

Desde su concepción, la idea de la Comunalidad ha estado ligada a la idea de autonomía que es el ejericio de la autonomía y el poder del pueblo. Es precisamente la Comunalidad la que constituye y es capaz de crear las condiciones necesarias para el pleno autogobierno.

Benjamín Maldonado nos cuenta que la idea de la Comunalidad como principio rector de la vida india surge y se desarrolla en medio de la discusión, la agitación y la movilización, pero no como una ideología de combate sino como una ideología de identidad, mostrando que la especificidad india es su ser comunal con raíces históricas y culturales propias y antiguas, a partir de las cuales se busca orientar la vida de los pueblos como pueblos.

La Comunalidad es un concepto comprendido dentro de gran parte del magisterio y entre intelectuales indígenas oaxaqueños por su vivencia en las comunidades que en su mayoría son pueblos indígenas, así como por sus ejercicios de sistematización para explicar su realidad inmediata; la Comunalidad, en el actual contexto, no se trata únicamente del reconocimiento del modo de vida de nuestros pueblos indios y de su influencia al interior del movimiento, es también una disposición del actuar crítico y colectivo contra la imposición, la intolerancia y el partidismo electoral que sólo busca reproducir el mismo esquema de dominación que han padecido nuestros pueblos.

La propuesta de la Comunalidad puede entenderse como la igualdad de derechos y obligaciones de todos los miembros de una comunidad para participar en la decisión del destino de ésta, así como para disfrutar de sus bienes y productos.

En la APPO se reconoce este principio como inspiración del movimiento, la dificultad para su implementación al interior del Consejo fue precisamente que no había un territorio definido concreto. La ciudad de Oaxaca y las oficinas donde se reunía el Consejo no permitía que cada uno de los pueblos, organizaciones y sectores pudieran consensuar las propuestas a corto, mediano y largo plazo. Pero en esta etapa muchos se están inspirando en esta propuesta. Falta ver lo que digan las colonias o espacios urbanos.
La reorganización del movimiento

Es necesario dar la vuelta a la esquina para visualizar parte del cambio profundo que necesitamos en Oaxaca y que todos anhelamos. Parece más realista y con más probabilidad de éxito, seguir en la regeneración de un movimiento opositor, basado en la realidad actual oaxaqueña, partiendo del hecho que nadie quiere a Ulises Ruíz Ortíz ni a su gente. Hay elementos difíciles, que también pueden servir de aglutinantes para un movimiento más amplio y más unido, porque las presiones que sufren las colonias y las comunidades son muy agudas y los requerimientos de la vida cotidiana muy intensos y diversificados. Se observa con frecuencia que las iniciativas para organizar las movilizaciones y para presentar demandas a las autoridades no corresponden realmente a las prioridades o a las auténticas necesidades sino a factores circunstanciales que cuanto más atienden lo urgente pero descuidan lo importante.

Es necesario reflexionar en la acción, si nuestro movimiento es puramente ideológico o somos un movimiento que tiene un rostro y un corazón que intuimos viene de lo más profundo de nuestra forma de pensar, de sentir y de actuar heredada de nuestros antepasados, que busca el bien común en el nosotros que somos la comunidad. Si esta intuición la confirmamos entre tod@s, podremos definir los caminos constructivos de esa acción y aprender del pasado, donde por no tener claridad en un proyecto de país, de estado, de barrio, de colonia o de comunidad, después de que la Revolución llegó al poder se le entregó a la burguesía reformista. Es decir, que en ese entonces no se tomó el tiempo necesario para reflexionar sobre las propuestas que atacasen los problemas desde la raíz para poder ir más allá de ese orden establecido, ejemplo del caos que se genera por no tener un programa constructivo.


A muchos les molesta que nuevas barrikadas florezcan. No precisamente las de autodefensa sino las de espacios de toma de decisiones de los colonos y donde surgen nuevas formas, creativas y novedosas de autoorganización. Creemos que será de ahí, de los colonos y comunidades que saldrá otra vez la energía de cambio y la fuerza necesaria para esa transformación profunda. Hay que darle el tiempo suficiente, escuchar y dialogar con todos los sentidos posibles y no sólo donde se impongan las ideologías, algunas ya muy caducas.



Creemos que el movimiento social, los pueblos, colonias y barrios, en los distintos escenarios de lucha, en sus declaraciones de asambleas regionales o manifiestos públicos, están construyendo el poder del pueblo para poder regirnos con autonomía, así lo vemos. El camino del poder popular y la autonomía se entrelazan pero son los modos de cómo se construye ese camino lo que ha generado las diferencias. Para nosotros lo que queda del consejo de la APPO no avanza a la misma velocidad de lo que las iniciativas o acciones de la gente sigue emprendiendo. Por eso ha permeado la confusión fuera de nuestros ámbitos de comunidad y no se ha mostrado con claridad la riqueza del proceso por el que transita este movimiento, tan plural y diverso como es la sociedad misma.

Aún con todos estos problemas nos gustaría enfatizar que el movimiento de Oaxaca sigue vivo, aún después de la represión del 25 de noviembre donde hubo más de 25 muertos, se encarceló a más de 300 compañeros, hay desaparecidos, hostigamiento policial y militar y donde todavía hay presos políticos. Se ha logrado reconocer que antes del 2006 había más de 30 presos políticos. Es cierto que por todo esto la gente ya no sale tanto a las calles, pero también es cierto que los caminos de la APPO y del movimiento social no han podido ponerse de acuerdo en esta reorganización.

Oaxaca desde antes del 2006 era el lugar con más radios comunitarias del país (más de 50), actualmente se han instalado más en distintos pueblos y comunidades, las páginas de Internet en que muestran acciones o propuestas del movimiento han crecido. Existen esfuerzos de colonias que están armando panaderías, jardínes orgánicos, talleres para niños invitando a otros colectivos o personas, en fin, son muchas las iniciativas. Pero seguimos luchando y da gusto conocer que las mujeres han creado otros espacios y que incluso hay un Encuentro de Mujeres que las reúne en las colonias, colectivos y organizaciones. Actualmente se lleva a cabo un tianguis artístico y cultural como espacio de reorganización donde se venden verduras orgánicas, trabajos artesanales y materiales de todo tipo. Se sigue adelante con la demanda de la libertad de los presos políticos. También los jóvenes graffiteros de distintos colectivos se están reuniendo para tomar los espacios públicos para las actividades artísticas y políticas que generen intercambio y difusión de la lucha.

Está el Encuentro de Jóvenes con organizaciones, colectivos y espacios juveniles que andan realizando caravanas a los pueblos y comunidades en resistencia, para aprender e intercambiar la forma en que resisten y cómo apoyarse mutuamente. O los diferentes lugares de aprendizaje que están generando espacios de reflexión en la acción sobre el movimiento, lo que es el capitalismo y cómo encontrar modos alternativos de vida para regenerar ámbitos de comunidad en la ciudad.

No estamos romantizando. Lo que decimos es que en una marcha no pueden tomarse decisiones en forma asambleista y hasta ahora sólo han sido marchas o actos políticos que no propician el que la gente pueda dar su opinión sobre lo que está pasando y asumir un compromiso en el conjunto del movimiento. Con esto no queremos decir que sólo fueron las barricadas las que recrearon asambleas, también lo hicieron los sectores de organizaciones civiles y otros espacios como lo hacen las más del 10 mil asambleas que existen en Oaxaca y que luchan por su ser comunal.

En estos momentos en México distinguimos tres grandes referentes que seguirán dando de que hablar y escuchar. El movimiento ciudadano que encabeza Andrés Manuel Lopez Obrador, la Otra Campaña impulsada por los zapatistas y la APPO o para ser más exactos, el movimiento social en Oaxaca. Serán para nosotros estos dos últimos, por su profundidad histórica, los que continuaran en el tiempo y serán sin duda referentes históricos de la lucha social en México. Para los que conocen Oaxaca a partir de la APPO, es necesario profundizar en la memoria de que nuestro Estado siempre ha luchado. Una anciana participante en la APPO ante las cámaras dijo: “Ya no estamos dispuestos a resistir otros 500 años más, luchamos por nuestra liberación”. Oaxaca por su gran diversidad en lo regional, municipal y comunitario tiene sus propias historias de lucha que contar.

Mientras tanto, sigue la represión. Utilizando el discurso de la seguridad, aumenta la presencia policíaca y con ella la delincuencia común, además de los asaltos violentos y los levantones. Siguen también la intimidación a opositores y los presos políticos como rehenes del sistema. Pero ninguna coerción de la policía y los militares puede doblegar la firme voluntad de la gente del pueblo. Desde lo más profundo de nuestra herencia hemos aprendido a vencer el miedo. Hemos aprendido a curarnos de espanto.

Creemos que la lucha está con y desde los pueblos, barrios, colonias y comunidades, en la organización más allá del sistema y de los partidos políticos cuyo interés será siempre el de alcanzar el poder o conservarlo. Pensamos que las supuestas estructuras “democráticas” están diseñadas precisamente para impedir que los cambios profundos se puedan dar, porque sólo los pueblos son los legítimos representantes de sí mismos y sólo una organización política que surja desde su realidad plural y basada en la libertad podrá alcanzar esa transformación profunda que todos y todas queremos en Oaxaca.





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