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martes, marzo 27, 2007

Nuevas apportaciones (Gustavo Esteva)

No ha habido, que se tenga memoria, un periodo de tanta efervescencia como la que se vive ahora en Oaxaca. No se trata de movilizaciones espectaculares, como las grandes marchas del año pasado. Es la proliferación de toda suerte de iniciativas en que se revela el acaloramiento de los ánimos que surge de una población agraviada que sabe encauzar creativamente la rabia y la frustración. Y así, la "estrategia jurídica, policiaca y militar... cuyo objetivo último es lograr el control y amedrentamiento de la población civil", documentada por la Comisión Civil Internacional de Observación de los Derechos Humanos hace un par de meses, no consigue su propósito. En vez de parálisis e intimidación produce intensa efervescencia.

Ni el observador más atento podría mantener registro de lo que está ocurriendo, no sólo por su número sino por su condición: las iniciativas surgen por todas partes, hasta en los sitios más inesperados y a menudo sin aviso previo. Imposible acudir a todos los talleres, encuentros, coloquios, plantones, ocupaciones, festejos, proyectos, exposiciones, demostraciones, asambleas y actos de toda índole que se suceden interminablemente bajo el denominador común de la rebeldía. No hay manera de registrarlos, además, por lo que aparece como su principal limitación actual: no logran darse a conocer con oportunidad ni entre sí ni hacia fuera.

Este fenómeno ilustra bien el carácter de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) como movimiento de movimientos. Revela también su dificultad actual. No ha logrado dotarse de una forma organizativa acorde con su naturaleza. Sus órganos de coordinación han cumplido funciones de enorme importancia, pero su diseño se ajusta más a las necesidades y características de un frente de organizaciones políticas que a las de un movimiento de movimientos.

La APPO no puede ni debe prescindir de su asamblea ni de su Consejo, entre otras muchas cosas para procesar sus contradicciones internas. Pero la concertación eficaz de los empeños cotidianos, su mutuo reforzamiento y su potenciación política han de buscarse en la estructuración horizontal en forma de red, más que en una construcción vertical en forma de pirámide.

No ha habido hasta ahora el tiempo ni las condiciones para forjar los mecanismos horizontales que hacen falta, aunque se tiende a ellos. Las redes electrónicas que se han ido creando -por radio, por correo o en Internet- han estado muy activas y hasta saturadas, pero son obviamente insuficientes si se trata de abarcar en una sola red hilos, nudos y agujeros tan heterogéneos como los que forman la APPO, muchos de los cuales no tienen acceso a la tecnología electrónica.

Buena parte de las iniciativas que se están tomando comprenden ejercicios de reflexión, para derivar las lecciones pertinentes de lo ocurrido hasta ahora, analizar la coyuntura y examinar la perspectiva. A partir de la reflexión se están forjando consensos, por ejemplo en cuanto a la necesidad de profundizar el contenido del rechazo común, darlo a conocer a propios y extraños y tejer horizontalmente las afirmaciones múltiples.

Dentro y fuera de Oaxaca la APPO sigue siendo vista como una revuelta contra Ulises Ruiz, que habría fracasado por la intervención de las fuerzas federales. Es cierto que este personaje facilitó la aglutinación de los descontentos. Pero también es cierto que su aberrante permanencia, cuyo costo político se eleva continuamente tanto para el PRI como para Calderón, hace cada vez más evidente que sólo es símbolo de lo que se rechaza: un régimen político y económico que este gobernador corrupto y autoritario encarna ejemplarmente. La gente ya no está dispuesta a seguir aceptando ese estado de cosas. Por eso mantener a Ulises Ruiz en su cargo formal es esencialmente contraproductivo: lejos de disolver la oposición a ese régimen la extiende y profundiza, esclareciendo su carácter.

La coyuntura sigue siendo adversa para Oaxaca. Aunque hizo posible la primera ola de rebeldía, incrustó el movimiento en disputas nacionales entre actores que lo emplean como moneda de cambio. Por eso dentro de la APPO se han estado buscando articulaciones nacionales e internacionales apropiadas, que permitan inclinar en su favor esta balanza adversa.

La coyuntura se define, entre otras cosas, por la transición de un presidente ansioso por dejar de serlo a un presidente empeñado en demostrar que ya lo es. Tras tomar posesión tres veces, para que no quedara duda de que lo había hecho, Calderón ha intentado esconder su debilidad política tras el Ejército, con lo que no hace sino acentuarla. No se muestra dispuesto a entender el carácter de los movimientos sociales que encontró al llegar al cargo, por lo que los aviva, echando pólvora al fuego. Aunque en ese pecado llevará la penitencia, impone así un costo insoportable a la sociedad, que pronto empezará a cobrárselo. Y no sólo desde Oaxaca.

gustavoesteva@gmail.com





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